En Estados Unidos se viralizó el caso de una niña llamada Genie. Al presentar un ligero atraso en el desarrollo del lenguaje, un médico familiar la diagnosticó con retraso mental. Por lo cual, su padre decidió prohibir cualquier contacto con el mundo exterior manteniéndola en su casa con sólo un pañal puesto y atada a una silla-orinal, desde sus primeros años de vida hasta la adolescencia. En las noches el papá la ataba y la ponía dentro de una jaula que se encontraba dentro de una bolsa de dormir. Si ella producía algún sonido la golpeaba o la asustaba. No sabía comer ni ir al baño por ella misma, él era el que la alimentaba con comida de bebé, cereales y huevo (Quiroga, 2015).
Cuando las autoridades la rescataron, la llevaron al hospital infantil de Los Ángeles donde trataron su caso. Como nunca antes había utilizado ropa, no tenía sensibilización con los cambios de temperatura; no sabía masticar y le costaba mucho trabajo tragar; no tenía fuerza en sus piernas; siempre evitaba emitir sonido alguno así que sólo logró decir algunas palabras. Su comportamiento era casi inhumano. Tiempo después de que concluyera la investigación de su caso, encontraron a Genie en un hospital psiquiátrico. (Ferrer, 2014).
Genie, durante toda su infancia, estuvo privada de estímulos al no poder hablar e interactuar con su medio ni relacionarse con otras personas y tampoco logró aprender las funciones cognitivas al querer reeducarla dentro del hospital infantil. El período crítico para el desarrollo de esas funciones ya había concluido, y a pesar de que se encontraba en un lugar donde le brindaban estimulación no logró readaptarse, o en otras palabras humanizarse, porque cuando su cerebro estaba preparado para aprender estas funciones, no recibió la estimulación adecuada ni interactúo con un medio “humano” (Mendoza, 1999).
Existen muchos casos similares a los de Genie, que demuestran que las capacidades cognitivas, sociales, emocionales y físicas se ven afectadas por del ambiente y las experiencias en donde crecieron los niños durante los primeros años de su vida. Estas condiciones internas y externas definieron el comportamiento y el desempeño de las funciones neuropsicológicas de los niños. Presentaron problemas de alimentación y socialización, deformación de la postura corporal, poco lenguaje, comportamiento agresivo (similar al de un animal), entre otras características (Cruz y Durán, 2016).
Video: MensSuperMateriam.(2009, Agosto 9). Mi Gran Cerebro: la niña salvaje. Recupero de: https://www.youtube.com/watch?v=R1vgUSTyPWk
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